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Científicos crean células inmunitarias que combaten el cáncer

Científicos crean células inmunitarias que combaten el cáncer

“Creo que esto es solo el comienzo de una ola de nuevas terapias que serán verdaderamente transformadoras y salvarán muchas vidas”, señalan los responsables.


El cáncer no es una sola enfermedad. Es, más bien, millones de variaciones de un mismo problema. Cada tumor nace de las propias células del paciente, con mutaciones únicas, ritmos distintos y estrategias propias para escapar del sistema inmunitario. Por eso tratar el cáncer nunca ha sido sencillo: lo que funciona en una persona puede no funcionar en otra. En cierto sentido, cada caso es profundamente individual.

Y, sin embargo, en esa misma individualidad se esconde una de las armas más poderosas que tenemos: nuestro propio sistema inmunitario. Desde hace años, una de las terapias más revolucionarias en este campo es la llamada terapia CAR-T. Consiste en extraer células inmunes del paciente (los linfocitos T, los “soldados” del organismo), modificarlas genéticamente en el laboratorio para que reconozcan el cáncer y devolverlas al cuerpo para que lo ataquen.
El resultado ha sido espectacular en algunos cánceres de la sangre. Pero también tiene un problema: es compleja, lenta y extremadamente cara. Entre la extracción, la reprogramación y la reinfusión pueden pasar semanas. Y el coste puede superar los 400.000 euros, lo que la deja fuera del alcance de muchos pacientes.

Ahora, un nuevo estudio liderado por científicos de la Universidad de California, San Francisco, publicado en Nature, propone una idea que hasta hace poco parecía ciencia ficción: reprogramar esas células directamente dentro del cuerpo. El avance se basa en la conocida CRISPR, la técnica conocida como edición genética, a menudo descrita como unas “tijeras moleculares” capaces de cortar y modificar el ADN con gran precisión.
En lugar de extraer las células, los autores, liderados por Justin Eyquem, diseñaron un sistema de dos partículas que viajan por el torrente sanguíneo hasta encontrar a los linfocitos T. Una de ellas actúa como guía: está recubierta con anticuerpos que reconocen una proteína específica de estas células, asegurando que el tratamiento llegue al lugar preciso.

La segunda partícula transporta las instrucciones genéticas necesarias para convertir a esos linfocitos en células capaces de reconocer y atacar el cáncer. Y aquí está una de las claves del estudio: el nuevo ADN no se inserta al azar, como ocurre en métodos anteriores, sino en un punto muy concreto del genoma, una especie de interruptor que solo se activa en las células T. Esto permite una modificación más precisa, más controlada y, potencialmente, más segura. En los experimentos, realizados en ratones con sistemas inmunitarios “humanizados”, los resultados fueron determinantes.
Una sola inyección bastó para eliminar todo rastro detectable de cáncer en apenas dos semanas en la mayoría de los casos de leucemia agresiva. El método también funcionó frente a mieloma múltiple y, de forma especialmente destacada, contra tumores sólidos, un terreno donde la terapia CAR-T tradicional ha tenido muchas más dificultades.

Además, las células modificadas dentro del propio cuerpo parecían funcionar incluso mejor que las creadas en laboratorio. El equipo de Eyquem cree que esto se debe a que, al no extraerlas ni cultivarlas fuera del organismo, conservan mejor su capacidad de multiplicarse y mantenerse activas.

En algunos órganos, estas células reprogramadas llegaron a representar hasta el 40 % del sistema inmunitario, actuando como una fuerza de ataque altamente especializada contra el tumor. Pero más allá de los resultados biológicos, el avance apunta a algo quizás aún más importante: la accesibilidad.
Hoy en día, la terapia CAR-T requiere instalaciones altamente especializadas, semanas de espera y tratamientos previos de quimioterapia que no todos los pacientes pueden tolerar. En muchos casos, el cáncer progresa mientras se fabrican las células. Si esta nueva estrategia logra trasladarse a humanos, podría eliminar gran parte de ese proceso. No haría falta extraer células, ni enviarlas a fábricas especializadas, ni esperar semanas para recibirlas de vuelta. El tratamiento podría convertirse en algo mucho más directo: una inyección que activa al propio sistema inmunitario del paciente desde dentro.

Esto permitiría que la terapia no la ofrezcan no solo grandes centros oncológicos, sino también hospitales más pequeños. En otras palabras, podría democratizar uno de los tratamientos más avanzados contra el cáncer.

“Creo que esto es solo el comienzo de una gran ola de nuevas terapias que serán verdaderamente transformadoras y salvarán muchas vidas”, concluye Eyquem.

 

Fuente larazon.es