Noticias de Salud
Las generaciones más jóvenes tienen peor salud
La deriva de salud pone en jaque el futuro del SNS. Tienen más obesidad, diabetes, cáncer o artrosis a edades cada vez más tempranas, así como peor salud mental y visual
Cada vez nos cuidamos más, un mito que poco a poco va desdibujándose. Pues, pese a que el consumo de alcohol y tabaco cae y de que la obsesión por el físico llene los gimnasios, lo cierto es que las generaciones más jóvenes enferman antes. Así lo refleja una revisión de más de 50 estudios en Reino Unido publicada en «Population Studies» que no deja lugar a dudas: se está produciendo una «deriva generacional en la salud», sobre todo en el caso de la obesidad y la salud mental entre los nacidos desde 1946, así como previsiblemente en diabetes. Pero, ¿y en España?
En nuestro país, el exceso de peso afecta a más de la mitad de la población adulta. En las últimas décadas, la tendencia ha sido creciente: desde 1987 la tasa de sobrepeso casi se ha duplicado, mientras que la obesidadse ha triplicado. Según un estudio publicado en la «Revista Española de Cardiología», la prevalencia de obesidad pasó de un 7,3% en 1987 a un 15,7% en 2020. Y aunque en mujeres y en hombres adultos aumentó y se estabilizó, en el grupo de 15-24 años, la prevalencia de obesidad mostró una tendencia creciente en todo el periodo analizado.
«Los estudios de prevalencia de exceso de peso y grasa desde los años 80 y 90 indican que estos factores subieron exponencialmente hasta su estabilización entre los 2010 y 2020. Pero mientras los países del Norte de Europa han reducido un poquito el peso entre las generaciones más jóvenes, los países del sur de Europa hemos logrado estabilidad pero no reducir esta tendencia», explica Eduard Mogas, pediatra endocrino y miembro de la Sociedad Española de Obesidad (Seedo).
«El sobrepeso y la obesidad entre las generaciones más jóvenes aumentó con el covid y ahora se está estabilizando», explica. Pero los daños siguen siendo alarmantes. «Entre 3 y 4 de cada 10 niños viven con sobrepeso y obesidad en España. Es una barbaridad». Así, según un informe de Sanidad, el 30% de los menores tiene exceso de peso y un 8% sufre obesidad.
Y no solo. «Vemos que la prevalencia se está estabilizando aunque en cifras muy altas, pero los casos pediátricos son cada vez más graves, vemos a menores de más de 150 kilos de peso. Y eso va a generar muchos problemas de salud pública a 20 años», incide.
Así, la gente piensa que la obesidad infantil no da problemas, pero la mayoría de los niños obesos acaban siendo obesos en su etapa adulta (8 o 9 de cada 10). Además, tener obesidad infantil «no es algo que se pueda posponer, pues ya genera problemas mecánicos, metabólicos y emocionales en la etapa infantil». De hecho, ya se ha detectado un aumento del hígado graso –Esteatosis Hepática Metabólica– en niños y jóvenes por el incremento de la obesidad infantil y juvenil, así como por los cambios en los hábitos de vida, según la Sociedad Española de Endocrinología y Nutrición (SEEN).
La situación se repite en el caso de diabetes tipo 2. Como recuerda Francisco Javier Ampudia Blasco, presidente de la Sociedad Española de Diabetes, «la diabetes tipo 2 va a asociada a un aumento de peso, y el aumento de sobrepeso y obesidad en las generaciones más jóvenes es grande. Además, hacemos diagnósticos de diabetes tipo 2 a edades cada vez más tempranas». «En EE UU la diabetes más habitual en adolescentes es ya la tipo 2 en vez de la 1, en España no estamos aún así», pero hay que estar vigilantes.
La deriva de salud de las generaciones «más jóvenes con enfermedades crónicas a edades más precoces va a ser un reto para el Sistema Nacional de Salud porque los pacientes jóvenes tienen muchos años por delante con riesgo de desarrollar enfermedades cardiovasculares a edades cada vez más tempranas. Hay que cambiar esta tendencia», incide Ampudia. En este sentido, cabe recordar que la diabetes multiplica entre 2 y 4 veces el riesgo de sufrir una enfermedad cardiovascular, y que los pacientes con grasa abdominal presentan un incremento importante del riesgo de padecer enfermedades cardiovasculares.
«Estamos perdiendo salud cardiovascular con lo que comemos. La obesidad empieza cada vez antes. Y si bien es cierto que en España vivimos más que en Reino Unido por la dieta mediterránea, la estamos perdiendo. Mientras en algunos países están haciendo un esfuerzo por incluirla nosotros cada vez comemos menos pescado, menos fruta y verdura fresca. Y si bien comer estos productos resulta caro, es salud», hace hincapié el doctor Ignacio Fernández Lozano, presidente de la Sociedad Española de Cardiología (SEC).
«En los jóvenes –prosigue– la patología cardiovascular es escasa, pero hay adolescentes con placa de ateroma a los 10-12-14 y 16 años. Perdemos la salud antes. La obesidad empieza antes, así como la diabetes, la hipertensión...».
La reducción de la actividad física, el aumento del sedentarismo, el consumo frecuente de bebidas azucaradas y de ultraprocesados, con el auge de comidas rápidas, así como la alteración de los patrones de sueño, contribuyen al desarrollo de alteraciones metabólicas desde edades tempranas. Esto favorece la resistencia a la insulina y la acumulación de grasa en el hígado. Y no vamos por el buen camino, porque el consumo de ultraprocesados se ha triplicado en España en 30 años, según un estudio de «The Lancet», y ya suponen el 30% de la ingesta calórica de los adolescentes que ven 11 anuncios de comida basura al día.
Y la obesidad, no hay que olvidar, «genera más riesgo hasta para 13 tipos de cáncer», recuerda la doctora Cynthia González, del grupo de trabajo de Ejercicio y Obesidad Infantil de la Seedo.
Se trata de cáncer de mama, colorrectal, hígado, páncreas..., y esto se debe a que provoca inflamación crónica, mayores niveles de insulina y alteraciones hormonales. El exceso de tejido adiposo favorece un entorno que estimula el crecimiento de células tumorales, siendo uno de los principales factores de riesgo prevenibles.
«Es decir, que se da la paradoja de que por un lado estamos mejorando los tratamientos contra el cáncer y reduciendo la mortalidad, la obesidad va en aumento y por ende un mayor riesgo de cáncer», añade Cynthia González, que recuerda que el estrés crónico es uno de los factores de riesgo de la epidemia de obesidad actual.
«Hay datos a nivel mundial, sobre todo en países occidentales de nuestro entorno, en los que claramente se ve el incremento de ciertos tumores en edades jóvenes, como puede ser el cáncer de mama, tumores ginecológicos, páncreas, colon... Sí parece que las generaciones más jóvenes van a tener más riesgo de cáncer a edades más tempranas, pero también, al igual que aumenta el cáncer en esas edades, cuando lleguen a una edad de más riesgo de tumores, más adulta, probablemente veamos una mayor incidencia del cáncer. Es decir, las generaciones más jóvenes no sólo tendrán más riesgo de cáncer en edades más tempranas, sino que tendrán más riesgo de cáncer en general. ¿A qué se debe? Las causas son multifactoriales: dieta, ultraprocesados, bebidas azucaradas, el consumo de antibióticos en la infancia por la alteración de la microbiota, y se empieza a hablar también de químicos y disruptores endocrinos, que aunque no hay evidencia científica sólida, es algo que está teniendo relación, y otros factores de riesgo», explica la Dra. Isabel Echavarría, secretaria científica de la Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM) y oncóloga médico del Hospital Universitario Gregorio Marañón.
Fuente larazon.es
Salud mental
En cuanto a los problemas de salud mental, el doctor Gonzalo Salazar de Pablo, vocal del Comité Ejecutivo de la Sociedad Española de Psiquiatría y Salud Mental, explica que «se están dando problemas de salud mental en España a edades cada vez más tempranas».
«Desde la pandemia se ha producido un claro empeoramiento de la salud mental de los jóvenes», que se suma al «empeoramiento ligero que se había dado previamente y que en algunos casos se había achacado a series como “Por 13 razones”, donde se aborda el suicidio y las autolesiones. Tras el confinamiento sí hubo un empeoramiento claro. Esperábamos que se volviera a la normalidad, pero no ha sido así y seguimos viendo muchos más problemas de salud mental que antes, no hemos vuelto a los niveles previos».
«En urgencias lo que vemos es un aumento de trastornos como depresión y ansiedad, pero también han aumentado los trastornos de conducta alimentaria, las autolesiones y las ideas de suicidio».
Así, en el caso concreto de las depresiones, según el estudio «Dos décadas de ingresos hospitalarios de adolescentes con depresión en España», durante un período de 22 años, se registraron 9.881 hospitalizaciones por depresión entre adolescentes de 11 a 18 años en España. En concreto, las hospitalizaciones relacionadas con la depresión aumentaron de forma constante, particularmente durante la última década. De 2000 a 2021, la incidencia aumentó un 1.217% alcanzando un máximo de 1.779 admisiones en 2021. Las niñas representaron el 74,3% de todas las admisiones relacionadas con la depresión, y la mediana de edad de hospitalización fue 16 años, aunque en 2021 ya se observó un cambio hacia edades más jóvenes.
«Las redes sociales y la pandemia han contribuido a la mala salud mental de los jóvenes, pero hay más factores involucrados», afirma el doctor Salazar de Pablo, para el que, en su opinión, «un menor no debería tener acceso a las redes sociales hasta los 16-18 y un móvil hasta los 12».
Paula Armero, coordinadora del Comité de Salud Mental de la Asociación Española de Pediatría, explica que «desde 2010 vemos un deterioro de la salud mental. Hay malestar y sufrimiento. A tenor de los estudios publicados, el crecimiento era como muy lento, pero la pandemia aceleró este problema que ya estábamos viendo».
Más autolesiones
«Tenemos más casos de población infanto-juvenil con diagnóstico de trastorno de ansiedad y depresión y también más síntomas de ansiedad y tristeza. Tienen más presión, no se sienten bien acompañados y las redes les están haciendo mucho daño. Hay que acompañarles para evitar que acaben en depresión».
Armero pone por ejemplo que los trastornos de conducta alimentaria se dan cada vez antes. Así, «previamente sucedían a los 14-15 años, ahora por desgracia a los 10-11. Y los casos que vemos son de más gravedad que antes, también hay más casos de conductas autolesivas y a edades más tempranas».
Los problemas de visión también se dan a edades más tempranas. «La salud visual de los españoles ha empeorado desde hace un par de décadas, pero sobre todo en la última. Lo que me llama la atención en niños son las conjuntivitis alérgicas con afectaciones corneales que antes no veía. Los jóvenes tienen más problemas de ojo seco, conjuntivitis alérgica y alteraciones de la superficie corneal que hace que tengan peor agudeza visual. Y eso se debe no solo al aumento de alergias, sino a que estamos constantemente con pantallas, a que salimos menos a la calle y a la contaminación», dice Pilar Merino, presidenta de la Sociedad Española de Estrabismo y Oftalmología Pediátrica.
Merino, que es oftalmóloga del Hospital General Universitario Gregorio Marañón y del IMO, explica que «vemos miopías en la infancia que aparecen de forma precoz. Si antes la miopía se daba con 12 años, hoy con 5 o 6. No está claro a qué se debe aún. Además de ser una patología hereditaria, se cree que puede ser por uso excesivo de pantallas y por estar menos tiempo al aire libre». Pone como ejemplo un estudio publicado en 2024 en los que se concluyó que «el 19-20% de los alumnos de primaria de Madrid era miope, y antes en esta etapa no llevaban gafas, sino que empezaban con 10 años».
Un problema visual que se está acelerando. Así, «si antes lo normal es que aumentara la miopía en media dioptría cada año hasta los 18, ahora vemos un aumento de más de media dioptría anual», asegura Merino. Y el problema es que si empiezas con miopía a los cinco años, «esta va en aumento y en un futuro esto puede derivar en un mayor riesgo de sufrir un desprendimiento de retina, de tener glaucoma, degeneración macular miópica o estrabismo asociado con miopía (que cada vez vemos muchísimo más)», alerta Merino.
Frente a ello, la oftalmóloga incide en que «es indispensable permanecer dos horas al día al aire libre», pues está comprobado que «en verano aumenta menos la miopía porque estamos más en la calle». Además, también es importante recordar que «si los niños usan el móvil más de una hora al día la probabilidad de que les aumente la miopía es del 21%».
También son cada vez más frecuentes los problemas de artrosis a edades cada vez más tempranas. “Históricamente, la artrosis se ha considerado una enfermedad propia de personas mayores de 40 años, lo que explica la falta de estudios estadísticos en jóvenes. Sin embargo, los especialistas alertan de un claro repunte de casos tempranos, estimando que actualmente afecta a entre el 10 y 20% de la población de entre 30 y 40 años”, explica el doctor Josep Vergès, presidente de OAFI.
«El primer motivo de este incremento –prosigue– es el aumento de la detección precoz» A ello hay que sumar «la obesidad, que se ha consolidado como un factor crítico, multiplicando casi por siete las posibilidades de sufrir esta patología. Esto ocurre por un doble motivo: el sobrepeso genera una sobrecarga mecánica directa que acelera el desgaste en articulaciones como la cadera y la rodilla, y al mismo tiempo, provoca un estado inflamatorio sistémico que favorece la aparición de artrosis en zonas que no son de carga, como las manos o las cervicales».
A todos estos factores se añade que, «actualmente, muchas personas practican deportes de alta intensidad o de forma muy intensiva, como correr, boxeo, tenis o esquí, lo que incrementa el riesgo de padecer la enfermedad».
El retroceso en salud de las generaciones más jóvenes es, por tanto evidente. Lo que, unido al envejecimiento poblacional, puede poner en jaque el ya de por sí debilitado Sistema Nacional de Salud.
Una persona con diabetes cuesta 2.817 euros al año y la obesidad, 1.656 solo en primaria
El retroceso en salud de las generaciones más jóvenes no es baladí. Un aumento de las enfermedades crónicas en edades más tempranas puede traducirse en una mayor presión sobre el sistema sanitario, originalmente diseñado para abordar episodios agudos. Pues pacientes con patologías crónicas adquiridas de forma precoz suponen a la larga un mayor coste. Prueba de ello, es que «se estima que una persona con obesidad duplica el gasto sanitario, pues tiene más comorbilidades asociadas, acude más a visitas sanitarias, necesita medicación en muchos casos para la diabetes, necesita también ayuda psicológica...», precisa la doctora Cynthia González, del grupo de trabajo de Ejercicio y Obesidad Infantil de la Seedo.
Así, según el Análisis nacional en vida real del impacto económico de la obesidad en el sistema sanitario español publicado por Semergen el pasado febrero, el costo anual en atención primaria para 2022 fue de 1.656 euros por persona diagnosticada con obesidad, frente a 851 euros por persona sin este problema. A ello hay que sumar, que hubo un total de 15.969 ingresos en hospitales debido a la obesidad, con un coste de 79,8 millones de euros.
En el caso del cáncer, el informe de la AECC elaborado por la consultora Oliver Wyman, ya calculó que cuesta unos 19.300 millones, cifra que asume el SNS en un 55% y el 45% restante las familias.
En cuanto a la diabetes, según la Federación Internacional de Diabetes, España tiene un gasto medio anual de 2.817 euros por paciente.
Respecto al coste de las enfermedades cardiovasculares, en conjunto, suponen un coste anual de 9.000 millones, según la Fundación Española del Corazón. En caso de arritmia, el gasto anual por paciente se eleva a unos 3.000 euros.