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Una dietista avisa: la pérdida de peso sería prácticamente imposible si se tienen altos los niveles de esta hormona

Una dietista avisa: la pérdida de peso sería prácticamente imposible si se tienen altos los niveles de esta hormona

Vivir estresado puede provocar que las células cerebrales demanden una mayor cantidad de glucosa, la cual se sacia con el azúcar, entre muchas cosas


La relación estrés-peso corporal es más estrecha de lo que muchas personas imaginan. La farmacéutica, dietista y nutricionista Carlota Serra ha explicado en una exposición cómo una hormona relacionada con esa reacción emocional puede complicar seriamente el proceso de adelgazamiento cuando esta permanece con unos valores elevados durante largos periodos.
"Es muy difícil perder peso cuando tenemos altos niveles de cortisol en sangre", señala la especialista al abordar este fenómeno. El cortisol, conocido como la hormona del estrés, desempeña un papel fundamental en la activación del organismo, ya que prepara al cuerpo para hacerles frente a aquellas situaciones con un mayor nivel de exigencia. Sin embargo, cuando sus niveles se mantienen elevados de forma prolongada, sus efectos pueden alterar el metabolismo.

Serra explica que esta hormona tiene una función bastante clara. "El cortisol es una hormona de estrés que nos impulsa, nos activa y nos ayuda a afrontar el día", afirma. Para cumplir con esa tarea, el organismo necesita que se vea retroalimentado, es decir, que reciba aquello con lo que pueda funcionar y recibir una respuesta todavía mejor, y eso no es otra cosa que la glucosa, principal fuente de energía de las células.


"Las células se quejan al cerebro y dicen: 'Come, por favor, que no tengo glucosa'"
El problema surge cuando se convive con el estrés. "Como tengo niveles sostenidos de cortisol en sangre, necesito tener niveles sostenidos de glucosa", detalla. Cuando esa glucosa circula en exceso por el organismo y no se utiliza de manera adecuada, el cuerpo tiende a almacenarla como reserva energética.
Ese almacenamiento de más tiene una consecuencia, y la principal damnificada será esa tarea que tanto cuesta, la de la pérdida de peso. "Cuando la glucosa se acumula en el organismo, se acumula en forma de grasa", explica la nutricionista. Además, la situación se vuelve todavía más compleja porque las células, al no recibir suficiente energía disponible, envían señales al cerebro reclamando más alimento.

Este mecanismo ya es una evidencia más que sufiencientes que explica por qué muchas personas experimentan antojos constantes. "Las células se quejan al cerebro y dicen: 'Come, por favor, que no tengo glucosa'", comenta Serra. Esa respuesta biológica se traduce a menudo en tener más ganas por los alimentos dulces, los cuales consumidos en altas cantidades hacen que sea prácticamente imposible reducir la mas corporal.

 

Fuente larazon.es