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Fármacos para la insuficiencia cardíaca protegen el corazón en pacientes oncológicos
La combinación de inhibidores del SRAA y betabloqueantes disminuye la cardiotoxicidad asociada a la quimioterapia y a terapias dirigidas
Nuevas evidencias presentadas en congreso anual ESC Cardio‑Oncology 2026 apuntan a que varios tratamientos utilizados de forma habitual en insuficiencia cardíaca podrían desempeñar un papel relevante en la protección del corazón de los pacientes sometidos a terapias oncológicas potencialmente cardiotóxicas. El análisis, realizado por investigadores del Centro Médico de la Universidad Erasmus de Rotterdam, refuerza una línea de trabajo que gana peso en la cardiooncología: aprovechar fármacos ya consolidados para reducir el deterioro ventricular asociado a quimioterapias y terapias dirigidas.
La cardiotoxicidad sigue siendo una de las complicaciones más temidas en pacientes con cáncer. Fármacos como las antraciclinas, los inhibidores de HER2 o algunos tratamientos dirigidos pueden provocar disfunción ventricular, obligar a interrumpir la terapia antitumoral y comprometer su eficacia. Las guías europeas de cardiooncología recomiendan el uso de inhibidores del sistema renina‑angiotensina‑aldosterona (SRAA), betabloqueantes y otros tratamientos en pacientes que ya muestran signos de deterioro cardíaco, pero gran parte de estas recomendaciones se basan en estudios pequeños o extrapolaciones de guías de insuficiencia cardíaca.
El metaanálisis, presentado en Viena, pretende aportar una visión más amplia. Los investigadores revisaron 49 estudios -ensayos aleatorizados y trabajos prospectivos y retrospectivos- que incluían a casi 7.000 pacientes tratados con fármacos anticancerígenos. El objetivo era evaluar si las terapias recomendadas en las guías de insuficiencia cardíaca de 2021 y su actualización de 2023 podían prevenir el deterioro cardíaco en este contexto.
El parámetro principal analizado fue la fracción de eyección del ventrículo izquierdo (FEVI), un indicador clave de la capacidad de bombeo del corazón. En los estudios que evaluaron la inhibición del SRAA, la FEVI mejoró un 2,88% respecto a placebo o tratamiento estándar. Los betabloqueantes mostraron una mejora más modesta, del 1,20%, aunque significativa. La combinación de ambos tratamientos alcanzó un incremento del 2,98%, lo que sugiere un posible efecto sinérgico.
También se observaron mejoras en la deformación longitudinal global, un marcador más sensible que suele alterarse antes que la FEVI. Los antagonistas de los receptores mineralocorticoides mostraron un aumento de la FEVI del 4,68%, aunque estos datos proceden solo de dos estudios. Los inhibidores del cotransportador sodio‑glucosa tipo 2 (iSGLT2), una de las familias más prometedoras en insuficiencia cardíaca, apenas cuentan con un estudio en este ámbito, pero también mostraron una mejora del 3,20%. Las estatinas, evaluadas en siete estudios, registraron un aumento del 2,49%.
La cardiooncología avanza, pero aún necesita ensayos robustos que permitan definir estrategias preventivas claras. La comunidad científica reclama estudios aleatorizados que evalúen de forma específica el papel de los iSGLT2, los antagonistas de mineralocorticoides y las combinaciones terapéuticas en pacientes expuestos a fármacos cardiotóxicos. También se considera prioritario identificar qué subgrupos de pacientes se benefician más de cada intervención y en qué momento del tratamiento oncológico debe iniciarse la terapia cardioprotectora.
Fuente larazon.es